miércoles, 31 de octubre de 2012

HOMELAND | Que rima con cinco, que rima con hype incuestionable


"Brody, si esta es otra de tus mentiras...", amenaza Jessica en un tono mezcla de desesperación, incertidumbre y en el fondo algo de alivio. Una amenaza que probablemente todos (personalmente yo) hacemos desde dentro. "No lo es. Lo juro por Dios. Es la verdad", concluye un Damian Lewis convincente y convencidísimo. Y el caso es que, como a Jess, y a pesar de que lo ha jurado por el mismo Alá, todavía me resulta inevitable mirarle con recelo.

En lo que sí puedo confiar definitivamente es en la serie en sí. Con cada episodio de la segunda temporada de 'Homeland' mi desconfianza inicial se ha ido diluyendo, pero han hecho falta cinco episodios, y especialmente este quinto (afianzándose mi teoría sobre el 5 en las series), para asegurarme de que la serie de Showtime se une definitivamente a esa tanda de series que hacen de la televisión un lugar mejor; y que, lejos de perder el norte tras una primera temporada que plantó el listón muy alto, está sabiendo explotar su merecido éxito con una calidad incuestionable. A base de bien.



No hay duda al terminar este quinto episodio de que hemos presenciado un considerable punto de inflexión, contado a través de un capítulo de esos que se dedican a arrasar en los Globos o en los Emmy. Ese tipo de capítulos en los que apenas hay dos o tres localizaciones y unas escasas conversaciones. Pero qué conversaciones. De esas que se articulan en plano-contraplano para dar rienda suelta a unas interpretaciones brutales de las que hay mucho que leer. Por eso no hacen falta 10 planos cuando todo se puede contar con un gesto de la cara en un plano que dure 10 segundos. Lo de Damian Lewis y Claire Danes es para embobarse disfrutando, mérito también del propio peso con el que ya cuenta la historia que han tejido para sus personajes. Mención especial al nuevo fichaje para la CIA, esa especie de alter ego de Carrie del que personalmente quiero conocer más.

El ritmo, los silencios, los cliffhangers que hemos experimentado hasta el quinto episodio... 'Homeland' ha sabido arrastrar y mantener a la audiencia que conquistó tras la orgásmica recta final de la anterior temporada. Necesitaban estos cinco episodios para llegar al que podemos considerar el verdadero punto de partida de esta temporada. Un punto de partida que aparentemente puede parecer ya vacío de todo contenido y emoción. Pero si confiamos en que los guionistas han sabido llevar la serie hasta este punto, sería de ilusos decantarse desde ya por nada. De hecho es obvio que nos esperan unos prometedores episodios, aunque quizá primero tiendan a calentar motores, ir hirviendo las aguas otra vez antes de la verdadera recta final.


De momento, el cuerpo me pide mostrar duda cartesiana en cuanto a los probables ases que se estén guardando en la manga. Con la dualidad de los personajes ya jugaron la temporada pasada, por lo que no sé si harán lo mismo con Brody esta vez. Al menos no será el mismo juego, porque dualidad habrá, puesto que un doble agente (la opción más previsible tras el final del cuarto episodio) se caracteriza precisamente por eso. La dualidad a la que me refiero es la de Brody con respecto a Carrie, con respecto a sus colegas de trabajo, con respecto a su familia. Esa desconfianza de la que hablaba al principio se basa precisamente en esta doble cara. A pesar de haberlo soltado absolutamente todo (al principio creía que se guardarían la baza de "la bomba que nunca he llevado", puesto que la muerte del sastre adquiriría así algo de sentido), no consigo creer a Brody. La interpretación de Lewis es tan sumamente ambigua que no sé si lo es la misma actuación o el propio personaje que él ha creado a la perfección. Me gusta decantarme más por la segunda opción... No sé si es esa mirada, ese frío gesto que lleva en la cara continuamente y que de repente se rompe con una de sus sonrisas. Es un "no sé por dónde me va a venir" que, por ejemplo, no se ve en Carrie. Y sin embargo a ella tampoco la creo.

Cuando se dan la mano en la secuencia final en el coche, en mi cabeza se balanceaban dos opciones que no sabían hacia donde equilibrarse: o realmente los dos están en el punto que muestran los hechos vistos en el episodio, o bien sus manos están juntas pero sus cabezas juegan aún en la desconfianza más retorcida. Quería creer que esa situación fuera auténtica, pero no podía evitar sentir cierto recelo. Después piensas que seguramente sea precisamente eso lo que hayan sentido Carrie y Brody al sincerarse, al llegar a ese equilibrio. Y entonces vuelves a recrearte en la visceral satisfacción de estar contemplando una serie que trasciende.

Por último, quería destacar la subtrama que están dedicando a Dana, la hija de Brody y Jessica. Sin miedo a ser malinterpretado, soy de los que piensa que cualquier tensión sexual siempre es un plus en una historia, y cuánto más la de dos adolescentes. Muchos declaran la guerra al personaje de Dana, pero personalmente me parece de lo más interesante, y creo que nuestra niña actriz no lo hace nada mal. Aparentemente pasivo-agresiva y hasta tonta, Dana tiene mucho que dar en 'Homeland', especialmente por su relación con su padre, por una parte, y con el pavo del hijo de Walden. La secuencia del cuarto episodio en la que vemos sus caras reflejadas en el cristal del obelisco es tan superficial e irrisoria como fundamental (lo será), y sobre todo, compositivamente un puntazo.

Queda mucha tela que cortar y puede pasar de todo. Lo que nos deja tranquilos es que podemos disfrutar de 'Homeland' como en su primera temporada, a veces incluso más, y ya sólo esto es una enorme satisfacción para un espectador.

Ahora que se ha anunciado que la serie de Showtime tendrá también tercera temporada, no puedo evitar pensar, con miedo, en esa manía que tienen en la tele de no saber retirarse a tiempo. Que se quiera explotar en exceso la gallina de los huevos de oro en detrimento de la calidad, un cuento que ya nos conocemos por otros casos. Si algo ha demostrado la historia de la ficción televisiva es que ninguna serie está a salvo del desastre. Por suerte, de momento a 'Homeland' esto le pilla muy lejos...

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